Extrañar



Extrañar nunca me había pasado.


Esa emoción era un contar de días,

una carrera para responder el celular al primer timbre,

una carta que llegaba más tarde que su remitente

y un reporte de eventos y rumores.


Y un día te dicen que no es vida si no hay un abrazo,

que no es compañía si no están cara a cara

que las esperas son demasiado largas

y las distancias totalmente infranqueables.


Es hasta divertido.

Porque sólo días antes, yo lo creía también:

que extrañar era cosa de distancia

y tenía una fecha o una hora.


Hoy ya no queda nada.


Yo no sabía que nunca había extrañado.

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